No suponía
La ingenua niña
Que juega a ser valiente,
Que el dragón despertara
Salvajemente apasionante.
Que los suspiros hervir pueden
Y los mordiscos ser caricias breves.
Y no sabía
que el sueño se espabila
Con deseo y aroma de tabaco
Y que puede anhelarse un abrazo
Con la fuerza de los mares.
No imaginaba
Que de sus ojos son todas las estrellas
No sospechaba
Que la ternura es fuego
Y el fuego es agua
Que en su reino de palabras
El agua es beso
El beso es fiesta
Y la fiesta son las manos
Que se enredan en su pelo.
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